El profe de semiótica dijo que recreemos una historia basada en el inicio de la medicina griega en la trilogía de filósofos, usando elementos semiológicos, significados y significantes. Entonces, después de quemarnos el cerebro pensando en qué hacer, se nos ocurrió hacer esta locura. Lee con atención imbécil.
“Respeta a las mujeres”, “respeta a los
animales y plantas”, “respeta los semáforos”, “reza todas las noches y agradece
a tu Dios”, ”ama tu bandera y defiende tu Patria, “cuida tu vida y la de los
demás, “no seas envidioso”. Son algunas frases que desde niño Julito escuchó
repetir una y otra vez en la escuela y en la casa.
Su madre venía muy de noche
del terminal de Chorrillos donde se ganaba algunas monedas vendiendo pescados
frescos. Su padre un simple cobrador de combi, de la ruta Acho-Puente
Nuevo-Santa Anita. Aún así instruyeron a Julito a respetar los designios comunes
que impone esta sociedad.
Julito fue bautizado en la
iglesia Católica y desde entonces había recibido apenas una educación de colegio
estatal. Julito era buen niño, Julito obedecía, Julito respetaba los
mandamientos, Julito cuidaba a los animales, Julito creía en un país donde se
respetaban entre sí, no importaba la raza, estatus social, sexo, ni religión.
Su rutina: De la casa al colegio
y del colegio a la casa. Creció en soledad y con uno que otro problema que
confundía su hasta entonces mente inocente. Su madre, como todos los días
llegaba de mal humor por las malas ventas en el terminal. El mal humor de su
madre terminaba con una paliza que ni Julito podía explicar ¿Así es como le
enseñaron a respetar a la gente? Mientras tanto, su padre iba por la segunda
vuelta, en el tramo de Puente Nuevo – Santa Anita, recogiendo académicos.
Cuando acababa su faena, se metía un par de chelas con la gentita de la línea
M1. Y como uno sabe, tragos van y tragos vienen, y por ahí se aparecen un par
de bandidas… El padre de Julito era infiel. Y no queda ahí, era tan conchudo
que llegaba a su casa oliendo a licor y a perfume barato exigiendo su comida calientita
y bien servidita, típico machista, y si la comida no estaba servida… ayyy pobre
mamá de Julito, qué paliza le propinaba. Era común en Julito ver este tipo de
espectáculos que confundían aún más su mente de infante.
En el colegio, sus amiguitos
no le convidaban su pan con mantequilla y eso que en la mente de Julito
resonaba la voz de su madre diciendo: “Quiere a tus amiguitos y comparte lo
poco que tengas con ellos”, pero, nada de esto sucedía, era todo lo contrario,
ay! pobre Julito, a veces se quedaba de hambre.
Como es típico de todo
colegio estatal, nunca faltan los abusivos del salón. Julito era responsable y
cumplía con tooooooooodas las tareas que le encomendaban, sin embargo, los
abusivos se aprovechaban de su nobleza y le quitaban la tarea que con desvelo
lograba cumplir.
Julito era un niño piña, a
pesar de todos los valores que su malhumorada madre le inculcó todo le salía
mal. Él era bondadoso, responsable, puntual y quería a los animales y plantas,
pero ¿Qué recibía a cambio? Solo golpizas, abusos, atropellos y sufrimiento.
Años después la situación de
Julito se mantenía igual o quizás peor, todo lo que le rodeaba empeoró. Su
madre cansada de tantas golpizas y maltratos decidió irse de su casa con un
nuevo marido que si la respetaba y
cuidaba. Su padre continuó con las juergas nocturnas y se dedicó a la bebida y
a las putas. Julito solo, una vez más, como casi toda su vida, pensó “¿Qué
carajos pasa?” “¿Para qué me sirvió tanto hablar con Dios y respetar al prójimo
si nadie lo hizo conmigo? ¿Para qué me inculcaron el respeto a mi Patria, si a
todos les da igual y nos matamos entre todos? ¿Para qué respetar la vida si
algunos matan por petróleo, por poder, por dinero?
Julito en su confusa mente
originó una serie de preguntas y cuestionamientos ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ todos nos
inculcan valores y nadie los practica?
Julito pensó: ¿Para qué
tanto mandamiento, tanta norma, tanta ley si yo puedo ser feliz sin ello? Puedo
ser feliz sin banderas, puedo ser feliz sin Patria ni fronteras, puedo ser
feliz sin políticos de mierda, sin monedas, policías o animales en mi dieta.
Desde entonces Julito fue un
rebeldón bohemio medio poeta que deambula por las principales calles del centro
de Lima cuestionando todo lo que le rodea e inculcando usar la razón desde la
niñez.
Julito ha crecido y ahora es
Julote y es un estudiante universitario y le va muy bien. Y por esas
casualidades que te da el destino, su profe, buena gente él, le mandó a recrear
una historia referente al trío de filósofos griegos, y Julote tuvo que hacerla.
¿Y
TÚ TE PREGUNTAS QUÉ TIENE QUE VER JULOTE CON LOS FILÓSOFOS GRIEGOS?
Pues Julote cuestiona,
Julote entiende, Julote razona, Julote enseña, Julote comparte, y si alguna
alguna vez le dan a escoger entre el fusilamiento y sus ideas, Julote le dirá a
quien le toque fusilarlo ”Párate bien y presiona el gatillo, soldaducho” a lo
che Guevara :D.
Un saludo para mi gran amiga Maria Teresa, hoy nos hemos cagado de risa en la cabina de internet escribiendo esta barbaridad. Saludos pinky.
