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miércoles, 23 de junio de 2010

SARITA COLONIA, LA SANTA DEL PUEBLO


De ella se dice que nació en Belén, en Ancash, que su padre fue carpintero, y que, como toda gente de provincias, tuvo que dejar a muy temprana edad su tierra natal para viajar a la capital a mejorar su futuro. Pasó gran parte de su vida en el puerto del Callao y fue allí también en donde encontró la muerte luego de arrojarse al mar chalaco para huir de unos delincuentes que intentaban violarla. Pese a este hecho, irónicamente, fueron los delincuentes más avezados y las peores gentes del barrio porteño los que iniciaron su culto y adoración, hecho que le hizo acreedora del título de santa de los marginados y desposeídos.

Desde aquel entonces dicen que ha hecho cientos de milagros tanto que su fama ha traspasado ya los límites de las clases sociales e incluso territoriales, pues hoy es adorada y reconocida en todo el Perú y en el extranjero. Su nombre completo era Sarita Colonia Zambrano, aunque es conocida cariñosamente con el nombre de “La Sarita”, para muchos, la Santa del Pueblo.

La historia de Sarita

Según los registros históricos Sarita Colonia nació el 1 de marzo de 1914 en el caserío de Belén, en Huaraz, Áncash. Era la mayor de tres hermanos (Hipólito, Esther y Rosa), hija de don Amadeo Colonia, quien tenía el oficio de carpintero y de Rosalía Zambrano. En 1924, y tras una enfermedad bronquial de su madre, Sarita y su familia deciden viajar a Lima, asentándose durante cuatro años en el populoso distrito de Barrios Altos.

Fue aquí cuando Sarita ingresó junto con su hermana Esther, al colegio religioso Santa Teresita de Mavillac, en donde se dice comenzó a recibir la educación que marcaría su vida, a tal punto que, ya a esa edad, comenzaba a acariciar la idea de iniciar un camino religioso.

Sin embargo sus planes se verían truncados pues cuatro años después de su llegada a la capital, la salud de su madre empeoró obligando a la familia a regresar a Huaraz en busca del aire seco de la sierra. Pese a estos cuidados, Rosalía falleció cuatro meses después siendo Sarita quién tomó las riendas de su familia.

Comienza la popularidad

Ya en 1930 y con 16 años de edad, Sarita decide regresar junto con su padre a Lima en donde trabajaría como doméstica de una familia italiana en el puerto del Callao. Trabajó allí hasta 1933 cuando comenzó a laborar con su tía en un puesto de pescados en el Mercado Central.

Muchos aseguran que fue en esa época, cuando Sarita Colonia comenzó a ser conocida por su bondad y generosidad dando vestido y comida a las personas más desposeídas del distrito chalaco. Según cuenta su hermana Esther, ella solía regalar sus ropas y lo que ganaba con su trabajo a los pobres y enseñaba a sus hermanos a ser igual de generosos.

Los inicios del mito de santidad

Si bien su biografía es fácil de ser estudiada y seguida, fue una vez muerta, cuando comenzó a crecer este mito de la santidad de Sarita Colonia. Justamente, uno de los primeros trazos del mito comienza con el momento de su muerte, según cuenta la leyenda, Sarita Colonia murió al arrojarse al mar del Callao para salvarse de unos delincuentes que pretendían violarla.

En cuanto a este primer relato, el especialista de Sarita Colonia, Gustavo Buntinx, señala que si bien nunca hubo un pasaje similar en la biografía de la popular santa, sí existió un caso idéntico en 1922, que tuvo trascendencia en la prensa nacional y que la prensa denominó “El crimen de la Mar Brava” y que narraba el caso de la joven Amanda Loyola, quien luego de ser atacada por unos asaltantes y quizá temiendo una violación decidió arrojarse al mar. Para Buntinx, debido a la trascendencia que el caso cobró en esos años contemporáneos a Sarita, es probable que haya habido una extrapolación entre una y otra historia en el inconciente popular.

Lejos de esta historia trágica de su muerte, los datos históricos señalan que Sarita Colonia falleció oficialmente el 20 de diciembre de 1940 a los 26 años de edad, en el hospital de Bellavista, Callao. Según su partida de defunción, la causa de la muerte fue paludismo, aunque los hermanos hasta el día de hoy niegan esa versión y señalan que su hermana murió por una sobredosis de aceite de ricino.

Sea como fuere los restos de la joven fueron enterrados en una fosa común en el cementerio Baquíjano del Callao en la más absoluta pobreza tanto que no contó con un funeral apropiado.

La devoción

No se sabe bien cuándo o por qué, los ciudadanos del Callao comenzaron a venerar la cripta de la joven. Los estudiosos señalan que fue aproximadamente en la década de los setenta cuando el culto comenzó a extenderse en Lima debido principalmente a la masiva migración que llegó a la capital de la sierra del Perú.

Lo que se sabe es que cuando las autoridades del puerto del Callao intentaron allanar la fosa común donde está enterrada Sarita Colonia para ampliar el cementerio de la ciudad, de repente cientos de fieles se apropiaron de la fosa impidiendo su demolición (fue la única cripta que no fue destruida) y levantaron en ese lugar una pequeña capilla la misma que hoy continúa siendo el espacio de veneración y culto a la popular santa.

Lo que destaca de este pequeño altar no es solo la cantidad de flores, cartas y demás accesorios decorativos que la gente deja sobre él sino también sorprende la variedad de placas con nombres y direcciones de personas que han sido bendecidos por algún milagro de la joven dando testimonio así de la santidad de Sarita y su incuestionable don para realizar milagros.

Los milagros en vida

Pero lejos de los testimonios actuales, cabe preguntarse si realmente existió en la vida de Sarita Colonia algún indicio que diera fe de su santidad, es decir, ¿hizo Sarita Colonia algún milagro en vida?

Según siempre el mito, uno de sus primeros milagros ocurrió cuando ella era apenas una niña. Se dice que en Huaraz, en medio de la plaza de armas, el comisario llamó la atención de la ciudad para mostrar el cadáver de un peligroso bandolero de la zona. En ese momento Sarita se le acercó y le dijo: “Usted ya no está detrás de usted. No hay nadie detrás de sus ojos. Resulta que ya no lo veo, señor comisario”.

Según se cuenta, aquello ocurrió un día 7 de julio, el séptimo mes del año. Siete días más tarde a las 7 de la noche, el comisario cayó muerto en esa misma plaza.

Por otro lado, su hermano Hipólito (quien no reconoce el hecho anteriormente contado) cuenta que el único milagro que su hermana realizó en vida, ocurrió el año en que regresaron a Huaraz por el cuidado de su madre, en ese entonces, cuenta, Sarita cayó a un río y puesto que no sabía nadar, fue arrastrada por la corriente dejando ver de ella solo su cuerpo flotando. Fue en ese momento en que apareció en el caudal un señor grande, con hábito blanco y barba rubia, quien la levantó de las aguas y le dijo: “Hija mía, tu padre está preocupado, te tienes que ir inmediatamente, tú no vas a morir, tú eres una hija predestinada, me vas a ayudar a servir al prójimo”. No obstante, y tal como ocurre con las historias, no todos dan fe de este relato, e incluso su propia hermana Esther, ha negado que este hecho haya sucedido.

La fe a Sarita Colonia

Pese a que no existe registro alguno de su santidad ni de los milagros hechos durante su vida, y sobre todo, pese a que no ha sido aceptada por la Iglesia Católica, es indudable que la adoración a Sarita Colonia continúa creciendo con el paso del tiempo. Hoy es común ver en los parabrisas de microbuses, combis y taxis las estampitas con el rostro de esta santa del pueblo, existe un grupo de rock como La Sarita que ha querido tomarla como símbolo, hay canciones, series de televisión, libros, páginas web y productos de marketing que le hacen referencia e incluso hay un penal en el Callao, que lleva su nombre.

Es evidente pues que hoy Sarita Colonia ya no sólo es la santa de los delincuentes y las clases marginales del país, hoy Sarita es la Santa de todos, una santa provinciana, que fue pobre y que luchó la vida lo mejor que pudo para sacar adelante a su familia, en resumen una Santa que refleja en ella misma gran parte de lo que es hoy en día el Perú.

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